Aun cuando todo parezca silencio, la fe perseverante no deja de llamar a la puerta de Dios. En el Evangelio de hoy, una madre cananea se acerca a Jesús con humildad y confianza para pedir por su hija. Su súplica nos recuerda que el Señor escucha el corazón que no se rinde y que se abandona en su misericordia: «Mujer, grande es tu fe»:
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